Una de las librerías donde me encanta ir a firmar es Santos Ochoa Torrevieja La Zenia. Me siento como en casa y los dependientes son estupendos. Suelo observar a cada lector que entra y ojea las pilas de libros, pasan por mi lado y algunos me evitan. Hasta he llegado a escuchar a un par de jóvenes: Uf, yo huyo de los escritores.
Trago saliva y respiro hondo. Al cabo de un rato pienso: Llegará ese día que deseo, lo sé. Llegará ese instante preciso en el que no sea yo la que abandone la mesa de mis libros para presentarme a un posible lector. Llegará ese propósito, que me lean mucho más. Por eso no puedo dejar de contar historias, porque en mi fuero interior una voz me repite cansina: Esto es lo que eres, no reniegues.
Y continúo.


