La semana pasada tomé una decisión drástica. No continuar publicando en mis redes sobre mi trabajo como escritora de un modo tan activo. Es decir, a diario y compartiendo en mil sitios. Muchos se echaron las manos a la cabeza opinando que pensara con calma el camino que había decidido tomar. Otros, para mi sorpresa, aplaudieron mi decisión comprendiendo el porqué de mi determinación.
Sobrepasada, saturada, estresada y algunos etcéteras más, así me sentía. Si no te ven no existes. Eso es lo que a día de hoy se dice. Yo no comparto esta reflexión, pues de algún modo siempre se sabe de uno, sobre lo bueno y no tan bueno acerca del día a día. Porque una de las mejores cosas que sabemos hacer los seres humanos es sin duda chismear y embellecer el chisme con nuevas palabras añadidas. De un modo u otro la noticia que uno desea que se sepa da vueltas por ahí, si nos fijamos, no necesariamente tienen que verte para saber que existes.

Pienso que las redes son necesarias en su justa medida, pero en mi humilde opinión, a día de hoy es un desfase y las publicaciones de estos últimos tiempos, sinceramente, dejan mucho que desear, es decir, más tonterías de las que uno puede soportar. Así pues, tomé la decisión de publicitar mi trabajo como escritora en mi página web Paola Yenay.com, para permitirme publicar cómo y cuando me diera la gana. Sin competiciones de likes o cantidad de visualizaciones, algoritmos, entre otros menesteres relacionados.
Mi reflexión tras una semana con la nueva decisión tomada es de alivio, paz y tiempo. No me arrepiento. No he cerrado las redes, pero como dije: Cuando quiera publicar de tarde en tarde, lo haré, sin presión ni expectativas. Para mí es importante escribir y escribir con libertad, a mi antojo. Promocionar mi trabajo, claro, pero con mis tiempos, no con los establecidos que parecen los únicos acertados. Ahora me siento liberada y en paz y en mi página publico de tanto en tanto, cuando puedo, cuando el trabajo y todas mis aficiones me lo permiten. Porque, ¿no es maravilloso tener un sin fin de cosas que hacer? Adoro leer, entrenar, bailar, pensar, escribir, pasear, dedicarme horas al jardín mientras mis perros corren de un lado para otro y rebozándose en la arena, felices, y feliz yo. Amo bordar, amo sentarme frente a la chimenea y disfrutar de la quietud oyendo el crepitar de las llamas.

La vida, pienso, no es una caja metálica en el que todo lo que nos acontece puede exhibirse como una diapositiva tras otra. La vida es mucho más y si nos atreviéramos a descubrirlo, supongo que seríamos más felices y la tranquilidad estaría más presente entre nosotros y alejaríamos la crispación que parece que hoy todos padecemos.

Que bonito es respirar, ¿verdad?

