Estoy segura que muchas, muchísimas veces relees tu manuscrito antes de decidir que sí, al fin has terminado tu novela y está lista para mandarla a una editorial o para autopublicarla.
La primera vez que relees todo el manuscrito te das cuenta de que te has comido algunos acentos, cambias comas o las quitas, le das la vuelta a una frase o sencillamente la suprimes. Te fijas en las faltas ortográficas, si acaso las hay. También tratas de embellecer las descripciones intentando no repetir la misma palabra o el mismo verbo de seguido. Incluso lees en voz alta, porque ahí te percatas de cómo se interpreta lo que has escrito y de si tal vez el lector lo percibe como tú has pretendido.

Has hecho una primera lectura con los cambios que crees pertinentes y decides volver a una segunda enseguida incluso a una tercera y ves errores que se te han pasado por alto. Cuando ya llevas unas cuantas lecturas más en la misma semana, estás tan saturado y metido en ese bucle de autocorrección que piensas que el manuscrito no está listo. Abandonas y lo aparcas, crees que no es tan bueno como creías. Craso error, no dejes que la desesperación y la negación se apoderen de ti, calma. Deja dormir la historia que has creado un tiempo prudencial, el que necesites para echarla de menos y opinar sobre ella desde otra perspectiva.

¿Y qué hago mientras tanto? Te lo preguntarás.
Lee, come libros, devóralos. Toma notas, aprende palabras nuevas y formas diferentes de contar una historia. Quizá tengas nuevas ideas que te rondan sobre otra posible historia que pretendes crear, ¡estupendo! Toma notas sueltas y ve guardando esas pinceladas de tu posible proyecto futuro.
Ya echas de menos leer el manuscrito y pueden ocurrir varias cosas, o que te parezca maravilloso o todo lo contrario. Sea la opción que sea, estoy segura de que estás preparado/a para estudiarla desde otros ángulos.
Estás lleno de información, utilízala. Probablemente releas varias veces y al fin llegues a convencerte de que sí, ahora sí está listo y en su punto. Puede que sí o puede que no, para salir de dudas tienes otras alternativas. Hacerte con algunos lectores cero, es decir, gente que lea habitualmente y te dé una opinión sincera, que no te doren la píldora y algún lector cero todavía más incisivo y te diga lo que te ha pasado desapercibido por muchas lecturas que hayas repetido. O puedes consultar con un corrector especialista que te ayude, pues posiblemente queden cosas que añadir o eliminar o cambiar, o puede que no.
Piensa siempre que un lector acostumbrado va a percibir errores en los que quizá otros lectores no se fijen. Piensa además que una editorial puede rechazar el manuscrito sólo por faltas de ortografía. Por eso es tan primordial e importante pulir, pulir y pulir. Con paciencia, siempre con mucha paciencia y si sigue faltando, con mucha más paciencia. Pero lo primero y que no debes olvidar es, que la última decisión será la tuya. Tú la has creado, una cosa es que te corrijan errores y otra es que al final te cambien el estilo y la propia historia.
Tú decides si quieres ser uno más o destacar a la hora de escribir historias, porque, tu mayor fan eres tú. Ojo, con los pies en la tierra y sabiendo de primera mano que lo que estás haciendo lo estás haciendo bien, porque todo lo que uno haga es importante, es importante si lo hace bien.
¿No crees?

