¿La crítica destruye o alienta?

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Mi querido lector, mi querido aspirante a escritor, como una servidora. Déjame que te cuente:

Recuerdo cuando me dedicaba al mundo de la danza, como en toda profesión, (pero sobre todo si es artística), existen los detractores y los admiradores o los que pasan, sencillamente. Siempre he tenido más enemigos que amigos, porque: (como decía mi madre)…«Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría»

Sin embargo, para mí no fue algo negativo, al contrario, era un empuje para hacer que no des-falleciera y continuara aprendiendo y evolucionando cada vez más. Estar en lo alto del candelero, no te exime de la crítica, tanto de la buena como de la mala y, te puede entrar por un oído y salir por el otro o te afecta, te hunde y te crea inseguridad. Aprendí, que haga lo que uno haga (esté bien o menos bien), da lo mismo; uno jamás se escapa del incisivo que no hace más que meter el dedo en la llaga.

Hubo un tiempo, lo confieso, que al principio logró afectarme; pero mi maestra de baile flamenco ( la mujer que me hizo), me alivió el alma de nuevo e infundió la confianza que estaba perdiendo en mi misma. Y me dijo.

_Si tanto tienen de qué hablar sobre ti, es que eres una amenaza y eso significa que eres importante y por eso te temen. Deja que hablen, no son conscientes de que lo único que hacen es encumbrarte mucho más porque lo maravilloso de todo esto, es que tú nombre está en boca de todos para bien o para mal y querida mía, si no gustas a todo el mundo no es tu problema, es de ellos. Porque la mayoría de veces, los críticos que no dejan de darle al pico sin medida o ninguna elegancia y ni una pizquita de sabiduría de la que aparentan, son aquellos que nunca intentan nada de lo que están juzgando y la impotencia de no lograr lo que tú estás consiguiendo es lo que les llena de rabia y prejuicio. Tú sigue así, hacia delante, aprendiendo cada día con esfuerzo y perseverancia.

Y lo hice, aprender, continuar avanzando hasta lograr ese pequeño imperio, reto, objetivo, sueño, ( como quieras llamarlo y me había propuesto)… pero ahí no acaba todo, no creas que por llegar arriba no vas a estar exento de cualquier mala crítica. Al contrario, todo eso se multiplica no por dos sino por cuatro. Por eso continúas estudiando y aprendiendo aunque ya estés en la cima. No es bueno dormirse en los laureles, porque a tus espaldas se les ve llegar. ¿A quiénes?, a los siguientes. Esos que te van a pedir paso o saltar por encima sin cuidado.

El secreto, para que nada te afecte, es la humildad, puesto que: sólo sabes dónde estás si sabes de dónde vienes.

El mundo que conocía cambió a partir de cumplir medio siglo en la vida y todo recomenzó de nuevo. No era en el mundo «mágico» de la danza, sino en el mundo «mágico» de la escritura.

Uno no escribe un libro de un día para otro y dice: Ale, soy escritor. No, la cosa no es así mi querido lector y mi querido aspirante a escritor. El escritor, es aquel que lleva toda la vida creando historias aunque no todas hayan sido plasmadas sobre el papel. Puede que nunca llegues o puedes que un día te veas con tu primer libro en el mercado editorial. ¿Te doy un consejo? No es que me guste darlos, pero: agárrate al sillón que vienen curvas.

Como lo oyes, el mundo de las letras no difiere del de la danza o de cualquier otro del que procedas. Los críticos nos se esfuman como un conejo blanco en la chistera de un mago de los de antes: continúan, permanecen si cabe, con más ahinco, esperando el momento justo y preciso para clavarte el diente directo a la yugular.

En mi caso, tengo la esperanza de seguir con la actitud que nunca me abandonó y de la cual me vanaglorio; aprender. Jamás olvido que cada día es un nuevo aprendizaje y como diría mi madre, nuevamente: «Nunca te acostarás sin saber una cosa más».

Acabo de cruzar el charco, lo sé, acabo de llegar. Soy la novata, como cualquier otro en el comienzo de algo. Sin embargo, no me achico, al contrario, tengo una grandísima ilusión por descubrir y aprender: siempre aprender.

Nunca dejaré de corregir , pulir, repetir, para poder evolucionar y lograr ese trayecto hacia la experiencia. Estoy segura, más que segura, que incluso aprendiendo hasta llegar a los ochenta o noventa años, el humilde, seguirá instruyéndose; es más, estará convencido de que no sabe nada de nada, por mucho que haya llegado a la cima de la cima.

Moraleja:

Se puede criticar u opinar, como prefiera llamarlo cada cual, pero con elegancia y dignidad, siempre con dignidad.

Seamos conscientes del daño que muchas opiniones o comentarios pueden llegar a causar. Puesto que hoy en día, en las redes, prima que todo el mundo sabe y habla como un especialista en la materia.

¿To er mundo eg güeno? No, to er mundo no eg güeno.

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