¿Cuántas veces te has propuesto escribir una historia hasta convertirla en una novela? Estoy segura de que muchas, como también lo estoy de que habrás tirado la toalla otras tantas. No obstante, te lo vuelves a proponer porque hay una historia, unos personajes, un mundo que nace dentro de ti y no puedes evitar plasmar en un papel, necesitas contar esa historia y vivirla mientras te sumerges en esa tarea maravillosa y hasta levitante. No por ello deja de ser difícil, es un camino en solitario también, complejo. Te llena y te vacía, absorbe tu tiempo y te chupa la sangre. Los personajes se apoderan de ti, los haces tuyos, los amas y los odias, ríes con ellos y lloras también. Aprendes y te das cuenta que lo que estás escribiendo para conformar una historia, te hace comprender y valorar muchos aspectos que rodean tu vida y a la propia vida que hay alrededor. Tu propósito es el de contar historias. El propósito de escribir es: que no sólo te lean.

Tu propósito es hacer entender a los lectores que pueden ver las cosas o las situaciones y momentos, desde otra perspectiva diferente. El propósito de escribir es una expiación de tus pensamientos, no eres un producto eres un pensador, un contador de historias en las que probablemente muchos lectores coincidan con lo que estás contando, es decir, ese mismo pensamiento o parecido lo han tenido pero no lo han sabido reflejar, especificar en el contexto de una historia. ¿Te das cuenta de que el propósito de escribir no es en vano cuando imaginas un mundo de lectores devorando tus palabras? ¿Por qué no es en vano? Porque la gente, el mundo necesita de nuestras historias para vivir, para curarse, para reír, llorar, reflexionar, aprender y soñar.
A todos nos gustan las historias y luego cada cual las percibe y las cuenta a su manera. El propósito de escribir es darte cuenta, saber, es estar seguro de ir siempre hacia delante y no desfallecer en el intento, porque la escritura nos salva, a nosotros y a los demás. Yo escribo para mí y para ti. Cuando escribo para mí soy consciente de que mi mente es una mente abierta, continúa siéndolo. Cuando escribo para mí me eternizo y soy capaz de comprender cómo es la vida en todos sus ámbitos, formas y decepciones. Cuando escribo para ti siento una conexión invisible que perdura en el tiempo. Va a perdurar en el tiempo. Cuando escribo para ti sé que nos hemos convertido en aliados y estamos más cerca el uno del otro de lo que creemos. El propósito de escribir, mi propósito de escribir es; seguir creciendo a sabiendas de que siempre hay mucho más con lo que llenarnos. ¿Cuál es el tuyo?
