Yo, sin duda , es-cri-bir.
Si no quieres convertirte en la idea de otro ¿por qué no te sueltas y decides qué quieres hacer y qué necesitas en verdad? Porque al final, casi todo depende de nosotros y poco a poco vamos averiguando que podemos aguantar más de lo que creemos . Piensa en quién eres ahora mismo y piensa que las historias pueden hacernos cambiar. ¿Tú qué crees?

Muchos lectores se acercan y me escuchan cuando les hablo de mis dos primeras novelas «Abre las cartas» y «La Mujer Vestida».

Las dos pertenecen a la trilogía Crónica de un periodista en paro y no son precisamente dos historias alegres que te hagan reír todo el tiempo. Porque son historias de superación, tragedia, nuevos inicios, maltrato, cerrar puertas para que otras se abran. Son historias que dan visibilidad a temas a los que la gran mayoría de la especie humana nos enfrentamos lo queramos o no admitir: depresión, pérdidas, maltrato en todos sus ámbitos y recomenzar, también. Por eso te animo a que leas, antes de decirme que no estás dispuesto a leer historias tristes, porque como he dicho antes; las historias pueden llegar a cambiarnos. ¿Qué quiero decir con ello? Que tal vez una historia como esta te sirva para pensar en muchas cosas de tu vida las cuales quizá desees cambiar. Puede que tras leer estas páginas comprendas que a pesar de todo la vida, con todas sus consecuencias, hay que agarrarla bien fuerte aunque ello dependa de un frágil hilo y sin embargo puede que te haga avanzar hacia delante, hacia la superación de uno mismo y que creías imposible lograr. Tal vez estas historias se las puedas contar a otros y se den cuenta de que las pérdidas o tragedias ajenas nos hacen abrir los ojos y ver cuántas posibilidades existen para continuar con cualquier tipo de vida con las circunstancias que estemos viviendo.




Cuando algunos lectores me dicen que no están para este tipo de historias, yo les digo que a lo mejor es lo que necesitan leer para enfrentarse, ¿a qué? , a sus miedos, esos que creen que se van a encontrar en Abre las cartas y en La Mujer Vestida y en los que temen verse reflejados.
Te propongo aquí la lectura de varios fragmentos de La Mujer Vestida. ¿Sabías, un pequeño apunte, que en las historias tristes siempre existe el humor, la broma y las risas imprevistas? ¿Y sabías por qué? Porque eso es parte de la terapia de leer; hacerte reír, llorar, pensar, hacerte volar, que de eso se trata en la lectura. Evadir a uno de la realidad suya, verlo todo desde otra perspectiva con los ojos de otro, en este caso con los míos.
Te invito a leer unos pasajes del capítulo 20, titulado: La necesidad necesaria.

«Mi ángel negro tardó cuatro días en poder hablar sobre el reencuentro con el señor nadie. Cuatro días en los que se convirtió en un zombi silencioso y ausente. Cuatro días en los que se olvidó de los entrenos, de los perros, de comer y de mí. Se escondió en el cobijo de la cama con las persianas cerradas a cal y canto, las luces apagadas y la puerta cerrada.
Al amanecer, después de lo ocurrido y de las horas de vigilia, escapó de entre mis brazos y sin más palabras se encerró en el dormitorio. Las tres perras la siguieron pero no las dejó entrar y se quedaron esperando tumbadas sobre el rellano que daba a las escaleras. Custodiando. Velando. Se pasaban el día entero ahí como una parte más de la decoración de la casa…

Respeté el fin del mundo en el que creyó estar. Algunas veces quise profanar su santuario y sacarla a empujones de allí para que reaccionará. Pero comprendí que era necesario que terminara de pasar ese duelo de una vez. Era necesario que lo consiguiera a solas, sin mi intromisión. Era necesario que imaginará una vida futura…Era necesario que volviera al mundo real con todas las ganas de zampárselo. Y era necesario y urgente que recuperara su vida, a su familia y a sus amigos… pero ¿qué sabía yo?

Si pudieras hacer una cosa el resto de tu vida, ¿qué harías?

Yo, sin duda, es-cri-bir…
