¿Hasta que punto somos conscientes de lo que estamos perdiendo?

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Un sentimiento se puede describir con palabras. Pero hay que escogerlas. No todas las palabras nos sirven según para qué o qué.

A mí, escribir me salva.Tan cierto como sé que existo. Como la carne doliente si me pincho. Como la ceniza al viento de una chimenea oprimiendo mi pecho al respirar al inhalarlo por su olor espeso.

Soy consciente de lo que aprendo, porque aprendo todas las veces en las que me siento a escribir y me descubro. Me estudio. Me ánimo. Me apenó. También me vacío. Incluso puedo hacer que cada una de las letras grite hasta chocar en los oídos de cualquiera y así me preste la atención necesaria, la justa y necesaria, la que en ese preciso instante requiero.

¿Y para qué?…Para contar,para narrar, para enseñar a imaginar el mundo que deseo mostrar en cada una de las palabras que me salen entusiastas… Impacientes. Deseosas de conocer la realidad con la que se encontrarán de golpe y volverla un poquito más mágica, una pizquita. Una pizquita nada más para llenar esa fría realidad de ilusión.

Para abarcar más, para atrevernos a hacerlo . Para darnos cuenta de que podemos soñar y caminar hacia donde las palabras nos enseñan a llegar.

A mí, la escritura me salva, me protege. Cada palabra es diferente y mágica entre sí cuando aprendo a unirlas entre líneas dando sentido a cualquier expresión, gesto, suspiro o sollozo y que me sale de muy adentro.

Pero confieso que lo fascinante de la escritura para mí, es el reencuentro con mis personajes, porque ahí están, guardados entre las palabras. Esperando contarme todo lo bueno y lo menos bueno…Enseñándome a entrar en ese mundo alejado de lo obtuso, lo pragmático, lo práctico, lo real…

Todo esto me hace pensar y decirte que; el error no está en soñar de más, el error está en ni siquiera intentarlo. Pero para poder soñar hace falta llenarse y para eso están las palabras, con todas las letras del abecedario conformadas creando una ilusión para nosotros. Porque si no tuviéramos cosas que decir, historias que contar; ¿cómo podríamos curarnos de las decepciones, fracasos, heridas y pérdidas? ¿Cómo podríamos salvarnos de la realidad sin la magia de las palabras? Esas que se palpan, huelen y atropellan. Las que atrapan, las que enganchan, «las que se escriben».

¿Y a ti, a ti qué te salva?

… Porque sin las palabras mis queridos lectores , sin la pluma…¿Qué sería de nosotros? Porque las palabras nos salvan, sí, todas nos salvan. Sí fuéramos conscientes de cuánto, seríamos tan ricos que podríamos continuar hacia delante con todos nuestros días, cualquiera de ellos, y hablaríamos más los unos con los otros y no estaríamos tan solos con nuestros teléfonos.

«Las historias pueden cambiarnos»

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