De vez en cuando, me siento a releer las novelas que he escrito en estos dos últimos años. Imagino que más de un escritor vuelve a ojear el trabajo que hizo, puesto que cada historia concebida es un hijo venido a este mundo. Para los contadores de historias, es así, son nuestros niños. Cuando releo, tengo momentos de grata sorpresa y hay veces en las que me pregunto orgullosa si «esto lo he escrito yo». Otras, hasta me riño y pienso que quizá debí escribirlo mejor o excluir ciertas partes, entre otros detalles,como las comas; son mi talón de Aquiles. Y hay días en los que me siento muy satisfecha de poder crear algo para quien guste disfrutarlo.
Abre las cartas y La Mujer Vestida , se escribieron prácticamente a la vez como una sola. Hasta que decidí que cada una debía tomar su propio camino, por muy enlazadas que estuvieran. Esqueletos en el sótano, la tercera novela, fue el broche definitivo para concluir con una historia que necesitaba ser contada.

Con Abre las cartas, durante el proceso; aprendí a valorar cuan importante es el poder de la mente y la propia sugestión. También me di cuenta de la gran soledad hacia la que indiscutiblemente el ser humano se ve más avocado. Pero una de las cosas que me enseñó el trabajo de esta historia, es que no se puede perder del todo la esperanza. Siempre, siempre si miramos con intención, hay alguien cerca dispuesto a echarnos un cable. Sea o no, conocido o un familiar. Todos tenemos un ángel de la guarda ( no me dejes ni de noche ni de día) que vela sobre nuestros hombros. Créeme. Doy fé.

Con La Mujer Vestida sufrí lo indecible. Lloré, me enfadé, tiré las hojas del escritorio al suelo de un plumazo, volví a recogerlas y a reconciliarme con las palabras que había en ellas. Pero esta historia me hizo valorar sobre todo mi propia humanidad, con todos mis defectos y virtudes. Y darme cuenta de que el proceso de una catarsis es necesario para poder avanzar e involucionar. La Mujer Vestida, es triste, dura y a la vez entrañable. Es esa historia que te demuestra que se puede salir del agujero, hoyo, pozo oscuro, como quieras llamarlo. Se puede salir si uno se deja ayudar desde luego. Con esta historia he aprendido que si nos escondemos tras una coraza, o en una cueva, o si nos apartamos: haremos, obtendremos, lo que a la protagonista de la novela le ocurrió y ojo, ella tenía todas las posibles cartas para sanar y salir de ese pozo en el que estaba atrapada. La Mujer Vestida continúa siendo una lección de vida para mí, porque hoy más que nunca comprendo que hay que dejarse ayudar. En Abre las cartas ya lo digo; los ángeles de la guarda siguen estando sobre nuestros hombros. Siguen estando ( voy a abusar del gerundio).

Esqueletos en el sótano me abrió los ojos, bueno rectifico, amplió mi campo de visión más allá de un horizonte en el que creí que ya no existía la vida o un futuro. Me equivoqué, existe. Hay un mundo que continuar explorando. Esta historia me enfrentó con mis propios fantasmas y con los que ni siquiera me pertenecían. Contarla, finiquitarla, fue un proceso de maduración, ( el que le faltó a la protagonista de La Mujer Vestida), que me liberó de parte de esa losa pesada sobre mis espaldas. Con Esqueletos en el sótano supe; supe que la lucha no termina jamás pero que se puede luchar de mil maneras distintas sin que te salpique tanto la mierda que acaba por enmierdarlo todo sin remedio. Esqueletos en el sótano dio paso a escribir la cuarta novela en la que en estos momentos estoy inmersa, sin pedir permiso. Sin miedos, o con los miedos que trato de encauzar para que no me incordien en este camino. Esqueletos me salvó de mí misma.
Sé que podría hacerlo mejor. Lo pienso y lo repienso cuando releo estas tres historias. Sé, no obstante, que por más que estudie e investigue, siempre podré hacerlo mejor de lo que lo hice. Pero eso es la madurez, ¿no?, crecer, aprender, darse cuenta. Y sobre todo no renegar de lo que ya has sido capaz de hacer. En su momento fue perfecto, ya está. En estos momentos se puede mejorar. Siempre es mejorable y uno nunca termina de estar satisfecho. Pero eso no es excusa para dejar de hacerlo. Continúo. Yo, continúo.
Me encanta que la gente me lea, cómo voy a negarlo. Y que descubra mi faceta de escritora en proyecto.
Abre las cartas . La Mujer Vestida y Esqueletos en el sótano: te esperan en las librerías de toda la península y las grandes plataformas como Amazon. Yo estaré encantada de firmártelas.
Mil gracias siempre mis queridos lectores.
Paola Yenay


Avocado es con b alta me diría mi madre. Aayyy Paolita….