La inmensa seguridad de ser

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¿Cuánto de leal eres a ti mismo? O mejor dicho: ¿cuánto de leales somos hacia nosotros mismos? Menos de lo que desearíamos, esa es la respuesta primera que me viene al pensamiento. ¿Y para qué nos sirve esa lealtad? Para saber quiénes somos, aunque sólo sea en un cincuenta por ciento. Porque ser consciente de esa mitad del porcentaje ya es más de lo previsto, ¿no crees?

Somos seres cambiantes, volubles como una veleta sin dirección exacta. Por más que lo neguemos, nuestra vida gira en torno a cambios, incluso inimaginables. Y por eso, es preciso ser valiente y decidir qué es lo que queremos ser o a qué queremos dedicarnos.

Vamos a olvidarnos de ese Pepito grillo que nos surrura en el oído exponiéndonos la realidad de nuestra vida. Deberíamos tomar decisiones arriesgadas, quizá, aunque nuestro Pepito grillo nos advierta de todos los pros y de todos los contras. Porque, ¿qué más da no ganar todas las veces? Piensa una cosa: que lo has intentado y no te has quedado al margen. Por eso, corre en busca de tus sueños. Correr no es de cobardes como reza el dicho y que más bien suena a excusa. Correr significa: llegar, alcanzar, avanzar, huir a otro punto mejor del cual estábamos. Durante esa carrera hallaremos obstáculos, tropezaremos, más de una caída nos fastidiará, pero, resiste. Levantarse todas las veces no significa que lo vayas a conseguir, pero sí que continúas en el intento. No desistas.

El mundo gira cada vez más deprisa y de manera incierta, de sobra lo sabemos la mayoría pero pasamos de largo. Pero si nos dejamos llevar por el concurso de la rutina diaria, de lo que hay que hacer porque así está establecido: ¿a dónde se irán tus sueños, objetivos, metas, ilusiones…? Sí buscas, encuentras, eso es evidente; pero lee las señales porque quizá no sea una lectura al pie de la letra clara y concisa, puesto que todos los sueños o aspiraciones, suelen ir marcados por un idéntico patrón, la dificultad. Sea el objetivo que sea, el proceso, al fin y al cabo, resulta el mismo y en tus manos está que tomes una y otra decisión: la de siempre o la tuya (en la que confías y crees y por la que otros no apuestan).

Cuando sales a correr o a caminar (da igual el ritmo), a comerte esa cantidad de kilómetros que te has propuesto (kilómetros=objetivos), piensas, eres consciente de que enseguida no vas a llegar. Pero si decides mantenerte, paso a paso o zancada a zancada, llegarás. Seguro, en algún momento tendrás que llegar.

En este caso, en el mío propio o en el tuyo: el de la escritura, hay quien nace sentadito y hay quien tiene que luchar sin desfallecer; por mucho que las dudas nos asalten, o la desidia y el desinfle. A pesar de todo, no decaigas, no cejes en tu empeño. Pero lo más importante: no hagas caso del Pepito grillo. Esa vocesita cansina no es más que el susurro de todas las pajas mentales que a diario tu mente crea para tenerte más entretenido o desquiciado de la cuenta. Es fácil decirlo o escribirlo, ¿verdad? Pero si empezamos a pensar así más a menudo quizá lo que uno se proponga llevar a cabo suceda en mayor parte.

Querido lector, me preguntó: ¿Qué nos falta hoy a los seres humanos? Más atención, sin duda, fijarnos en lo que tenemos delante, con lo que nos cruzamos al paso. Unos pocos minutos pueden significar un mucho. Piénsalo porque esto vale para cualquier situación o circunstancia. ¡Hey, párate y piensa!, pregúntate: ¿ Hemos perdido la paciencia y la curiosidad, tal vez la bondad o la fe? Si nos convertimos en seres tan pragmáticos o escépticos ¿qué será de la ilusión? ¿Qué será del mundo si continuamos perdiendo el alma y el corazón?

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